Cannabis y quimioterapia
Cannabis y quimioterapia
Por Cristina Sánchez
Cristina Sánchez es Profesora Titular de Bioquímica y Biología
Molecular en la Universidad Complutense de Madrid. Su investigación se centra
en el estudio del sistema endocannabinoide en el contexto oncológico, y tiene
como objetivo último comprender en términos moleculares y explotar clínicamente
la acción antitumoral de los cannabinoides en cáncer de mama. Cristina ha sido
Secretaria Científica de la Sociedad Española de Investigación sobre
Cannabinoides, de cuya Junta Directiva sigue siendo miembro, y es una de las
fundadoras y actual Secretaria del recientemente constituido Observatorio
Español de Cannabis Medicinal.
Cada vez son más las personas que se acercan al cannabis buscando una opción terapéutica complementaria o alternativa para tratar sus dolencias. Una de sus preguntas más frecuentes es si pueden utilizarlo mientras están sometidos a tratamientos convencionales.
En el caso de los pacientes oncológicos,
la pregunta concreta es si pueden utilizar el cannabis durante sus periodos de
quimio, inmuno, hormono o radioterapia. Por desgracia, no se han realizado
hasta la fecha suficientes estudios clínicos que nos permitan contestar con
rotundidad. Ante esta situación, los pacientes se enfrentan a la decisión de
esperar a que los resultados de esos ensayos clínicos de calidad lleguen (aun
cuando ni siquiera saben si alguien está dispuesto a hacerlos o cuándo se
llevarán a cabo) o considerar los riesgos y beneficios (conocidos y
potenciales) y actuar en consecuencia. En este artículo se intentará resumir cuál
es la información de la que disponemos hoy en día, para que pacientes y médicos
puedan tomar la decisión más adecuada en cada caso.
Uso médico del cannabis en pacientes con cáncer
Los
pacientes oncológicos se acercan al cannabis buscando dos tipos de objetivos,
no necesariamente excluyentes: paliar los efectos secundarios de las terapias a
las que están sometidos o conseguir respuestas antitumorales. Con respecto al
primero, está clínicamente demostrado que el THC previene las náuseas, los
vómitos y la pérdida de apetito producidos por las quimioterapias1. Estos efectos adversos son en muchos
casos tan severos que hacen que los pacientes abandonen los tratamientos. Por
otro lado, entre las propiedades bien establecidas del cannabis se incluyen
otras que son también muy interesantes para los pacientes con cáncer:
analgésicas, ansiolíticas y facilitadoras del sueño1. Más recientemente, las personas que
sufren esta enfermedad se acercan al cannabis buscando efectos antitumorales.
Si bien es cierto que determinados cannabinoides producen respuestas de este
tipo en distintos modelos animales de cáncer2,
aún no se dispone de resultados provenientes de ensayos clínicos controlados
que corroboren estas observaciones en humanos. A pesar de ello, y debido a su
elevado perfil de seguridad, miles de pacientes oncológicos en todo el mundo
están consumiendo cannabis con la intención de intentar frenar la progresión de
su enfermedad e incluso eliminarla. En cualquiera de los dos casos (búsqueda de
efectos paliativos o búsqueda de efectos antitumorales), una de las primeras
preguntas que se hacen estos pacientes es si es seguro combinar sus terapias
convencionales (quimio, inmuno, hormono o radioterapia) con cannabis.

Lo que sugiere la
investigación preclínica
Durante los
últimos años se han llevado a cabo experimentos en cultivos de células
tumorales y en modelos animales de cáncer que sugieren que la combinación de
cannabinoides y terapias antitumorales estándar podría funcionar mejor que
cualquiera de las dos aproximaciones por separado. Un elevado porcentaje de
pacientes oncológicos recibe quimioterapia. Este tratamiento tiene como diana
las células del organismo que están en proliferación y busca bloquear su
división y producir su muerte. Esto se puede conseguir mediante varias
estrategias generales, siendo las más comunes interferir el proceso de
duplicación del material genético de las células y bloquear la reorganización
del citoesqueleto (andamiaje interno de las células que les da forma, permite
su movimiento y rige la separación física de dos células hijas en los procesos
de división celular). Las herramientas para bloquear la duplicación del ADN de
las células tumorales son muy variadas, e incluyen compuestos que incorporan
grupos alquilo (como la temozolomida), puentes entre las cadenas de ADN (como
el cisplatino), análogos de sus componentes estructurales (como el
5-fluorouracilo; 5-FU) o inhibidores de la maquinaria que mantiene la topología
del ADN durante el proceso de división celular (como el irinotecán). Estudios
preclínicos muestran que los cannabinoides no sólo no obstaculizan la acción
antitumoral de representantes de muchas de estas familias sino que la
potencian. Por ejemplo, el 5-FU redujo la viabilidad de células de cáncer
colorrectal en cultivo mucho más eficazmente cuando se combinó con el agonista
cannabinoide HU-2103. En la misma línea, el grupo de
Guillermo Velasco (Universidad Complutense) ha descrito que la combinación de
temozolomida y Δ9-tetrahidrocannabinol (THC) en un modelo animal de glioblastoma
produce una mayor inhibición del crecimiento tumoral que cualquiera de los dos
tratamientos por separado4. Con
respecto a los fármacos que tienen como diana el citoesqueleto de las células
en división, el paclitaxel ha demostrado tener efectos sinérgicos al combinarse
con el endocannabinoide anandamida: en un modelo celular de cáncer gástrico, la
combinación de ambos compuestos produjo más muerte celular por apoptosis que
cualquiera de los dos compuestos por separado5.
Además de
quimioterapia, muchos pacientes oncológicos reciben tratamiento de
radioterapia, que consiste en exponer las células tumorales a radiación de alta
energía para provocar alteraciones en ellas que frenen su división e induzcan
su muerte. Como en el caso de la quimioterapia, existe evidencia preclínica que
sugiere que los cannabinoides podrían sensibilizar a los tumores a este tipo de
tratamiento. Así, Scott y colaboradores demostraron que la combinación de dosis
submáximas (es decir, que ejercían efectos antitumorales muy discretos por sí
mismas) tanto de THC + cannabidiol (CBD) como de radiación, producía una
reducción drástica del crecimiento de glioblastomas generados en ratones6.
Lo que dice la
investigación en humanos
Hasta la fecha, se ha realizado un único
ensayo clínico con el objetivo específico de analizar el efecto combinado de
cannabinoides y un medicamento antitumoral. En este ensayo, llevado a cabo en
hospitales de Reino Unido y Alemania, en pacientes que presentaban glioblastoma
recurrente, se ha analizado la seguridad y eficacia de la combinación de
temozolomida y Sativex, medicamento cannabinoide que contiene aproximadamente
la misma cantidad de THC y CBD:
(https://clinicaltrials.gov/ct2/show/NCT01812616?term=sativex+temozolomide&rank=2).
Aunque los resultados de este ensayo aún
no se han publicado, la nota de prensa hecha pública por la empresa promotora
(GW Pharmaceuticals) parece indicar que no se han dado interacciones
medicamentosas negativas:
Aunque este es el único ensayo clínico
diseñado específicamente para analizar la seguridad de tratamientos combinados,
es importante destacar que se han llevado a cabo multitud de ensayos con medicamentos
cannabinoides en población oncológica que seguía sus tratamientos antitumorales
convencionales. Por ejemplo, y sólo con Sativex, se han realizado ya siete
ensayos clínicos en pacientes con cáncer para analizar su efecto sobre el dolor
oncológico. En ninguno se han reportado interacciones negativas entre los
medicamentos. Tampoco se han detectado efectos negativos asociados a la
combinación de fármacos en otros ensayos realizados para analizar el efecto
analgésico de medicamentos cannabinoides en casos de dolor neuropático
provocado por la propia quimioterapia. Por último, y no menos importante, hay
que recordar que uno de los poquísimos usos médicos autorizados de medicinas
cannabinoides es el tratamiento de las náuseas y vómitos producidos por quimioterapias,
lo que indica que, en principio, la combinación de ambas estrategias
terapéuticas no debería implicar ningún problema.
Precauciones
Si bien
es cierto que la evidencia tanto preclínica como clínica acumulada hasta la
fecha sugiere que el cannabis podría utilizarse conjuntamente con quimio o
radioterapia de manera segura, hay ciertas cuestiones que deben estudiarse con
más detalle. Una de ellas es la posible interferencia de los cannabinoides
—especialmente del CBD— con el sistema de detoxificación citocromo p450 (CYP).
Este sistema se encarga de metabolizar multitud de compuestos (entre ellos gran
parte de los medicamentos que consumimos de manera habitual), oxidándolos y
transformándolos así en metabolitos no tóxicos para el organismo. Se ha descrito
que tanto el THC como, sobre todo, el CBD son capaces de inhibir determinadas
isoformas de CYP7, lo que podría aumentar la vida media
de los tratamientos procesados por estas enzimas, al no metabolizarse los
medicamentos. Otros compuestos utilizados por estos pacientes, como por ejemplo
el tamoxifen, se administran en forma de pro-drogas, que sólo se activan al ser
procesadas por el CYP. La combinación por tanto de estas pro-drogas con
cannabinoides podría, en principio, disminuir la biodisponibilidad de las
correspondientes formas activas. Finalmente, muchos de los medicamentos que
utilizan los pacientes oncológicos (tanto antitumorales como antidepresivos,
protectores gástricos, analgésicos, etc.) inhiben al sistema CYP, que es
también el encargado de detoxificar tanto el THC como el CBD, por lo que la
utilización simultánea de cannabis y esos medicamentos aumentaría la vida media
de los cannabinoides. Todas estas potenciales interacciones no parecen ser sin
embargo suficientemente importantes como para desaconsejar la utilización
conjunta de cannabis y otras terapias. En primer lugar, la inhibición de
CYP in vitro por
THC y CBD se produce a concentraciones muy altas, superiores a las máximas
observadas en los ensayos clínicos. En segundo lugar, la todavía escasa
experiencia clínica en este sentido sugiere que estas interacciones pueden
gestionarse fácilmente haciendo pequeñas modificaciones de dosis. Por ejemplo,
se ha descrito una interacción potencialmente negativa entre CBD y clobazam
(Onfi), una benzodiacepina que se utiliza como coadyuvante en epilepsias que no
responden a tratamientos convencionales. La utilización conjunta de ambos
fármacos se asoció a niveles mayores de clobazam en plasma y a un aumento de
sus efectos secundarios (siguiendo un patrón típico de exceso de dosis). Estos
se redujeron fácilmente disminuyendo la dosis de este compuesto8. Es importante por tanto que los
pacientes que consumen cannabis con fines medicinales informen a sus médicos
para que tengan en cuenta estas posibles interacciones y reajusten las dosis de
los tratamientos que reciben si es necesario.

Otra
cuestión que debería analizarse con más detalle es la posible interferencia
entre tratamientos cannabinoides que incluyan CBD y suplementos antioxidantes.
Este cannabinoide produce respuestas antitumorales en distintos modelos
celulares y animales de cáncer. Aunque los mecanismos moleculares a través de
los cuales se produce este efecto son muy variados, uno de los que más peso
parece tener es la generación de especies reactivas de oxígeno2, precisamente el tipo de compuestos
sobre los que ejercen sus efectos los antioxidantes. Cabe plantearse por tanto
si los suplementos antioxidantes podrían interferir con la potencial acción
antitumoral del CBD. De hecho, el uso de antioxidantes durante las terapias
antitumorales es una cuestión todavía controvertida en oncología. Por un lado,
los efectos tóxicos sobre las células no tumorales que produce el estrés
oxidativo (generado por los propios tumores o por las terapias) podrían ser
contrarrestados con suplementos antioxidantes. Sin embargo, estos suplementos
podrían bloquear los efectos nocivos del estrés oxidativo sobre las células
tumorales. De momento parece existir consenso en que no existe todavía
evidencia científica suficiente para apoyar el uso de antioxidantes en
pacientes con cáncer durante sus tratamientos antitumorales9.
Finalmente,
otra cuestión que requiere estudios adicionales es la utilización de cannabis
durante tratamientos con inmunoterapia.
Este tipo de estrategia terapéutica está en auge en el área de la oncología y
tiene como objetivo último estimular la respuesta inmune del paciente para que
destruya las células tumorales. Está ampliamente demostrado que distintos
elementos del sistema inmune (linfocitos B y T, macrófagos, monocitos, etc.)
poseen un sistema endocannabinoide funcional, que ejerce efectos
inmunomoduladores10. Hay estudios tanto preclínicos como
clínicos que indican que los cannabinoides ejercen efectos inmunosupresores10, lo cual podría suponer un problema
potencial a la hora de combinar tratamientos cannábicos con inmunoterapias. Sin
embargo, no existe evidencia ninguna de que el uso (incluso crónico) de
cannabis esté asociado con la aparición o agravamiento de enfermedades
infecciosas o procesos tumorales, ni siquiera en individuos
inmunocomprometidos, como por ejemplo pacientes con VIH10. En cualquier caso, es urgente realizar
más investigación tanto preclínica como clínica para solventar todas estas
dudas y poder ofrecer información rigurosa tanto a los pacientes como a los
profesionales de la salud que les acompañan en sus tratamientos.
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